“¿Es posible que un cristiano sea una buena persona? De ser así, ¿Cómo es eso posible?”. Estas han sido las dos preguntas que han ocupado parte de mi tiempo durante los últimos meses.
Después de terminar el curso de antropología aristotélica cristiana (4 meses) y el de ética (otros 4 meses), -ambos- impartidos por un organismo dependiente de la universidad católica de Chile, (creo) haber llegado a comprender cómo piensan; cómo es posible que existan cristianos razonables.
Si bien es cierto que lo primero que se le viene a uno a la cabeza cuando estudia la historia de los cristianos y encuentra las cruzadas, la inquisición y los nazis es que son una manga de egocéntricos sicópatas (o algo similar), lo cierto es que también encuentra cristianos que no son, en la práctica, tan “malvados”, vale decir que no andan degollando gente por ahí ni apedreando a sus hijos, por más que eso sea lo que diga la biblia, su tragedia sagrada.
Cuando uno observa a un religioso tiene la costumbre de asumir por omisión que su moral viene de su religión. El punto es que esto no es siempre así. De hecho, en muchos casos, si es que no en la mayoría, los autodeclarados cristianos no conocen bien su religión y su moral no es otra que la moral tradicional apenas -levemente- influenciada por su religión. Y de los cristianos que conocen bien su religión, muchos saben perfectamente que su moral no viene (y no debe venir) de su religión y así lo enseñan (pregunta final del examen de ética).














De acuerdo. Conozco a mucha gente así.
El problema es que cuando los religiosos aceptan una doctrina muy organizada de una manera demasiado crédula o fanática, ahí si su moral viene de su religión, y aparecen los puntos de quiebre con la moral de la sociedad. Ejemplo: testigos de jehová matando a sus hijos por negar transfusiones, gente que prefiere orar a ir al doctor, gente que repudia a sus hijos porque tuvieron sexo antes del matrimonio y los dañan para siempre, etc.
Por eso, para que un cristiano sea moralmente adecuado a la sociedad, no le queda más remedio que creer el dogma pero sacando su moral de sí mismo, con libertad. Tal vez la mejor religión es la que se practica sin jerarquías, quizás un poco como la griega antes de la Atenas de Sócrates, sin libros demasiado “sagrados” ni sacerdotes inmaculados e inerrantes. Cuando aparecen los líderes fuertes y los libros santos, los discípulos ya no usan libertad para practicar religión.
Yo no creo que ambas cosas sean necesariamente excluyentes. Creer dogma y actuar de una manera que pareciera contradecirlo. El dogma es interpretable casi hasta el infinito.
Como es ya algo usual, cada cierto número de entradas el blog deja de publicar contenido nuevo por un tiempo.
Esta correspone a la última entrada para esta, llamémosle “temporada”.
De paso invito a todo aquél que quiera publicar contenido acá a contactarse conmigo.
Muchos saludos.