Contradictorio.
Pero aquí, bajo mis ojos (ahora en mi estómago, o en camino) estuvo un arroz a la primavera acompañado con “carne vegetal”, una especie de hongo cuya apariencia y sabor son similares al de la
carne (claro que hay que preparar bastante mal la carne para que sepa como este hongo), pero en fín, esta curiosa comida cumplió su propósito y es tiempo del buen café nocturno (sin vainilla, amargo y dulce, o sea, preparado por mí).
Si fuese un filósofo a la antigua y me dedicase a disectar la realidad
para escribir un (realativamente) nuevo (o por lo menos molesto) código ético, creo que escogería por valor; la contradicción. Pues, humana y natural como es, parece estar presente como ninguna otra en cada rincón de la historia humana y en el ser humano. Hay quienes ven como un imposible que el hombre admita de corazón que contradecirse es natural y que es común, pero son muchos más los que consideran demasiado loca la idea de una sociedad que tenga a la contradicción como dueña de casa y no los culpo. Me dibujo, eso sí, artistas de esta cultura mía imaginaria, hombres que puedan crear animaciones, vivir de y para la televisión mientras basurean este medio de comunicación, poetas antipoetas, estudiantes de historia que piensen que: – “En el fondo todos son cristianos” u hombres que promuevan la humildad cargados de joyas… ¡pero si estos hombres ya existen!, como los humoristas, como Nicanor, como aquel estudiante nada flexible del otro día o el Papa. Pero no alcanzan estos hombres a ser parte de aquello que sueño, les falta ese estar concientes de que son solo hombres, les falta demostrar de vez en cuando que saben que son contradicciones vivientes… imagino que tal vez, el admitir solo de vez en cuando (para respetar la superficialidad) ante nosotros mismos y ante el resto que queremos dos cosas contrarias, al mismo tiempo, o incluso mejor, el recordarnos que no existen cosas “contrarias” entre si, pues esta clasificación la hace nuestra moral, pero que nuestra moral no tiene más valor que cualquier otro bien intangible y como toda invención del hombre, puede fallar y de hecho falla, (pues es fácil usar mal cualquier herramienta); podría ser una caracteristica del superhombre con el que soñaba Nietzsche, mas ¡Que sé yo de Nietzsche! sino palabras de libros traducidos y por lo mismo, con trozos perdidos.
El hombre más realista que he leído últimamente (y digo últimamente para no ofender a los viejos filósofos o a los muy estimados escritores cuyos libros también he tenido en mis manos, aunque bien pueden quedar abajo si los clasifico por gusto personal) a sido el periodista Darrel Bristow-Bovey, con su “Yo me he llevado tu queso” y es que la idea de que el hombre esta vacío por dentro ( antihumanista, tal vez sin quererlo, pero de mi gusto) y que los libros de autoayuda solo sirven para llenar artificial e inútilmente este vacío, me parece una realidad en la que debería incluirse la religión (aunque esta sí tenga una útilidad, como un club social, – uno extremadamente caro según un amigo mío, o por lo menos con una contabilidad pésima – ) y a las ideologías en general, mas he de recordar que esto es solo por gusto personal pues no he de obligar a nadie a cambiar el modo de actuar a pesar de que el escudo de mi patria diga “Por la razón o la fuerza” y que le tenga yo un extraño cariño a mi tierra o que derrepente guste algo de sangre, después de todo, todo es posible o mejor dicho, siempre existe la posibilidad de error. Solo me resta añadir que las posbilidades de que las ideologias que tienen en su base “misterios” (pueden añadir “del señor” si quieren) son para mí, supuestos muy poco problables y no apuesto a supuestos poco probables. No he de ahondar más en este viejo conflicto, pues espero de los filósofos de hoy, algo nuevo, pero no que olviden el pasado… (supongo que es también por estos motivos que soy reacio a citar figuras historicas).
En resumen, me agradaría de vez en cuando algo de sinceridad, mas solo de vez en cuando, pues sería aburrido dejar de jugar a los actores, a mostrar/fingir que existen, que actuan dentro de nosotros principios siempre nobles (o siempre estables), que nuestros deseos miran en una solo dirección y que sus contrarios son solo tentaciones (y no parte también de nuestros propios deseos).
Me gusta el ají y el manjar.
No me agrada la política y pase los últimos dos años en el caa de mi universidad.
En resumen, nada especial.













