Fuentes web
Entradas
Comentarios

Entendiendo a los cristianos.

“¿Es posible que un cristiano sea una buena persona? De ser así, ¿Cómo es eso posible?”. Estas han sido las dos preguntas que han ocupado parte de mi tiempo durante los últimos meses.

Después de terminar el curso de antropología aristotélica cristiana (4 meses) y el de ética (otros 4 meses), -ambos- impartidos por un organismo dependiente de la universidad católica de Chile, (creo) haber llegado a comprender cómo piensan; cómo es posible que existan cristianos razonables.

Si bien es cierto que lo primero que se le viene a uno a la cabeza cuando estudia la historia de los cristianos y encuentra las cruzadas, la inquisición y los nazis es que son una manga de egocéntricos sicópatas (o algo similar), lo cierto es que también encuentra cristianos que no son, en la práctica, tan “malvados”, vale decir que no andan degollando gente por ahí ni apedreando a sus hijos, por más que eso sea lo que diga la biblia, su tragedia sagrada.

Cuando uno observa a un religioso tiene la costumbre de asumir por omisión que su moral viene de su religión. El punto es que esto no es siempre así. De hecho, en muchos casos, si es que no en la mayoría, los autodeclarados cristianos no conocen bien su religión y su moral no es otra que la moral tradicional apenas -levemente- influenciada por su religión. Y de los cristianos que conocen bien su religión, muchos saben perfectamente que su moral no viene (y no debe venir) de su religión y así lo enseñan (pregunta final del examen de ética).

Ajedreziano

Hace algo de tiempo, discutía sobre esa clásica interrogante: -¿Piensan los animales?. Y había quien respondía: “No, pues para que se formen pensamientos se necesita un lenguaje”. Mas, existe un problema:

Frente al tablero, la vista se mueve de un lado a otro, no hay palabras, no hay sonidos “en la cabeza”, solo un esfuerzo profundo.

La mano sube y rasca. Hay nervisiosimo; acto seguido, se estira para mover el caballo hasta cierta posición, frente a un peón. No hay palabras, ni siquiera una. Y se ha resuelto un problema, ha habido pensamiento, pero ¿ha habido lenguaje? pareciera que no, que el jugador de ajedrez es capaz de resolver problemas -pensar- sin usar un lenguaje.

El asunto que me ocupa hoy no es si los animales piensan, es el lenguaje en sí.

Para imaginar una posible solución al problema del jugador de ajedrez, debemos entender que “lenguaje” no es un simple conjunto de palabras; hemos de extender -y recortar- su definición hasta “conjunto de símbolos y reglas”. Si sabemos que cada pieza (y el tablero entero) corresponde a un elemento de un conjunto en donde cada parte está asociada a otro conjunto de reglas, ¿no puede considerarse el ajedrez como un lenguaje?.

La próxima vez que vaya usted a preguntar: -”¿Juega usted ajedrez?”, bien podría usted decir (en lugar de esa expresión): -”¿habla usted ajedreziano?”…  aunque, siendo estrictos, no sería correcto preguntar si se “habla” pues, en rigor, el ajedreziano solo se piensa.

Apunte evolutivo.

Siguiendo la teoría del gen egoísta, a lo largo de toda la evolución, no hay determinismo, solo penalización para los mutantes que asumen estrategias poco exitosas. Pero la penalización no es para los individuos, es para los genes. Nosotros entonces, hemos de poder -perfectamente- ser felices “contra natura” si así lo decidimos.

El fracaso bien puede considerarse tan ilusorio como la culpa.

Y es que estando cada uno de nuestros actos determinado por nuestras propias decisiones, llorar por la leche derramada es igual de absurdo que considerar al líquido cayendo como un fracaso, con todas las consecuencias psicológicas que implica tal sensación. La leche derramada es un problema en el que es necesario conseguir más leche, pero para poder conseguirla necesitamos estar lúcidos y no ahogándonos por una sensación cuya existencia depende casi -si es que no- exclusivamente de nuestro criterio (la culpa).

Suponiendo que la depresión endógena existe, podríamos aplicar a esta patología algo de lo que R. Dawkins escribió hace ya bastante tiempo en “El gen egoísta” :

[sic] “dicha inversión pudiera beneficiar, en potencia, a otros hijos pequeños, el disminuido físico debería morir voluntaria y graciosamente. Beneficiaría más a sus genes actuando así. Es decir, un gen que diera la instrucción: «Cuerpo, si eres mucho más pequeño que tus compañeros de carnada, cesa en tu lucha y muere», podría prosperar en el acervo génico, ya que tiene el 50% de probabilidades de estar en el cuerpo de cada hermano y hermana salvados y, de todas maneras, sus oportunidades de vivir en el cuerpo del enano son muy pequeñas. En la vida de un enano debería haber un punto irreversible. Antes de alcanzar dicho punto debería continuar en la lucha. Tan pronto como lo alcanzara, debería renunciar y dejar, preferentemente, que se lo comieran sus compañeros de carnada o sus padres.”

Imposible

El movimiento previo necesario para llegar a esto:

imposible

Recuerdo ajeno

- ¿Que qué es un antro?:

En algún lugar de la capital, una mujer está agachada frente a un hombre. El mesero se acerca entonces y deja la cuenta la espalda (de ella).

El suceso saca aplausos de los presentes.

Del libre albedrío

¿Qué es exactamente eso que los occidentales llaman el libre albedrío? pues, podría decirse que corresponde a la capacidad del ser humano de, ante una misma situación, tomar una u otra decisión; a diferencia de una máquina que tomará solo una, (aquella para la que está programada). O al menos eso parece.

Pero nosotros sabemos que un ser humano es una máquina biológica, una máquina que crea simulaciones del mundo real en donde evalúa las consecuencias de sus actos, sus costes y sus beneficios. Pero como el mundo posee una cantidad de variables que tienden a infinito, con cada variable dependiendo de otras (variables) más, resulta imposible para cualquier máquina conocer en cualquier fracción de tiempo el valor de exacto de cada una de estas infinitas variables, de tal modo que se ve obligada a usar heurística (experiencia) y asignar arbitrariamente valores a las ciertas variables (en vez de hacerlas depender de otras -que desconoce-) de tal modo que el tamaño del modelo mental quede reducido al mínimo ( tratando de siempre de conservar su eficiencia). ¿Dónde en este proceso queda espacio para una libre albedrío? evidentemente en el proceso de asignación de valor a las variables incognoscibles. Ante un vaso de leche derramada, la leche podría tener un valor alto en cuanto a beneficio perdido o un valor bajo dependiendo de la persona, quien podría considerar bueno asignar un valor bajo, para evitar angustiarse. No hemos de olvidar que otros procesos biológicos internos (además del comparar presente con pasado) también afectarán el valor que la máquina dé a una u otra variable, como el sueño, el hambre…

Pareciera que por todo lo anterior, que toda máquina capaz de aprender y de comparar el pasado con el presente, tendrá algún nivel de “libertad” (o libre albedrío).

Un pequeño ejercicio puede servir bien para ilustrar por qué hay quienes optan por engañarse a si mismos, por ponerse un velo; por evitar pensar. Probemos estimado lector, recordar el pesimismo de una época en la que los filósofos se sentaban a tomar café en un oscuro lugar y a observar, instigados por la cercanía de la guerra, la visión más triste que pudiesen imaginar. El ejercicio es sencillo, primero recuerde que todos somos mortales, que la muerte es absoluta e ineludible. Ahora imagine que la persona más cercana a usted, a un par de metros suyo, deja de moverse, deja de respirar. Imagine que su madre, su padre y/o su pareja acaban de perder la vida, visualicelos allí frente suyo, inertes, sin que haya usted podido decirles nada antes de que expiraran. Luego, tome conciencia que inevitablemente llegará el día en que ellos efectivamente dejarán de existir, pues nada es eterno. Imagine qué sentirá usted cuando se quede completamente solo, acompañado únicamente por ese desgarrador sentimiento de absoluta desgracia, atrapado en un mundo en el que no existe nada bueno ya, donde nada se puede aprender o rescatar, al menos nada que tenga sentido; solo dolor. No lo imagine, recuerde. Recuerde el funeral de alguien muy querido suyo, recuerde cómo se sintió, cómo tuvo que aguantar todo ese dolor y la horrible tensión por la que pasó en los momentos en que creyó se desmoronaría completamente. Ahora imagine a otra persona cualquiera en esa situación buscando desesperadamente una solución, con una sola pregunta: ¿Cómo evitar el dolor?… y una respuesta final: - Dejando de pensar, llenando de cosas sencillas la mente, evitando todo cuestionamiento posible; haciendo desaparecer el conflicto.

El problema aquí es evidente, tal como en una entrada anterior (futuro y miedo), la desesperación surge ante una situación meramente imaginaria, por más “posible” -o basada en recuerdos- que sea; y todos sabemos que no tiene sentido angustiarse por “posibles” ni por hechos inmodificables -pasados- (me refiero al caso en yo haya logrado angustiarle aunque sea un poco con esta entrada, estimado lector). Por otro lado, quien escoge escapar en lugar de aprender a tratar con el futuro -y el pasado- (sea pensar en ellos), se queda fuera de probablemente una de las empresas más importantes que puede intentar el hombre. Renunciar al pensamiento solo sirve a la larga para angustiarse y traumatizarse más y de forma más sorpresiva (ya que no existe una preparación para), pues en general, siempre suelen aparecer situaciones en la vida que nos exigen alguna reflexión.

“Desde el punto de vista de la hembra que trata de escoger buenos genes para aliarlos a los suyos, ¿qué es lo que busca? Una de las cosas que desea es una prueba de habilidad de supervivencia. Obviamente, cualquier compañero potencial que la corteje ha probado su habilidad para sobrevivir al menos hasta alcanzar la edad adulta, pero no ha probado, necesariamente, que pueda sobrevivir mucho tiempo más. Una buena política a seguir por una hembra podría ser buscar machos viejos. Cualesquiera que sean sus defectos, por lo menos han probado que pueden sobrevivir, y si se une a uno de ellos, probablemente esté aliando a sus genes con genes para la longevidad.”

R. Dawkins, El gen egoísta.

Nota: Más abajo, en la misma página de donde saqué este extracto está el por qué esta estrategia no es nada perfecta…

Entradas antiguas »