Filosofía y café.

Fiolosofaciones varias y otros temas.

La irresponsabilidad como norma teórica.

Publicado por Alejandro en Julio 24, 2008

Para el estudiante chileno que llega a la educación superior, sobre todo si llega a una universidad pública, puede resultar sumamente útil manejar una “irresponsabilidad teórica” en su relación con los estudios.
En una universidad pública como la universidad del bío-bío, donde pasé mis primeros años de estudiante, tuve que aprender a tratar con altísimos niveles de irresponsabilidad de parte de los funcionarios, de los profesores y de mis compañeros.
Como aprendería luego, la única forma de manejar situaciones difíciles sin estresarse, es no preocupándome de los casos inmanejables; como son por ejemplo, rendir un certamen de física con preguntas de química o con contenidos no contemplados, tener menos de la mitad de las clases estipuladas (por ausencia del profesor), no tener acceso a las pruebas ya evaluadas para verificar que la calificación sea correcta, lidiar con infraestructura que no está disponible por que más de la mitad del año pasa inundada… etc, etc.

La responsabilidad es un concepto cuyo valor se mide por su resultado, es decir, por muy valorada que sea la responsabilidad en términos generales, no tiene sentido mantenerla cuando lo único que se va a conseguir conservándola es recibir daño. Todo valor puede ser relativizado y reevaluado hasta convertirlo en un antivalor, de hecho, a veces no solo es posible sino que es necesario. Todo valor puede convertirse en un antivalor siempre y cuando esta transformación no implique un daño hacia al resto o a la persona que realiza el cambio.
Particularmente, cuando digo considerar la irresponsabilidad como norma teórica, me refiero a elevarla como virtud justo hasta el punto a donde es posible llevarla sin convertir la vida en un caos constante.

Renunciar al valor de la responsabilidad tiene por objeto eliminar todo sentimiento de culpa o desesperación ante una serie de situaciones -incontrolables- en donde se ha de hacer solo aquello que es posible hacer y se ha de conseguir también de paso tolerar de mejor manera la irresponsabilidad general.
He de acotar sin embargo, que esto no es una rectificación sin más del estoicismo; al menos no en términos generales, pues se trata de una cuestión práctica bien especifica, aplicada a una situación particular.

Al realizar un cambio como el descrito, se debe invariablemente controlar el grado de *fragmentación -sociologicamente hablando- y esto se logra aceptando la responsabilidad de renunciar a la responsabilidad (valga el oxímoron), es decir manteniendo siempre la irresponsabilidad en un terreno específico, bajo vigilancia constante, o como yo le llamo, como “norma teórica”.

*Uso el término fragmentación para indicar una virtud que es válida solo bajo ciertas condiciones, a riesgo  de parecerse a lo tradicionalmente conocido como hipocresía.

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Algo, de la inteligencia y la libertad.

Publicado por Alejandro en Julio 19, 2008

Según ha dicho la nueva ilustración evolucionista:
Los inteligentes, se suelen comportan como aquél pájaro que hace su nido de colores, por que a él gustan los colores y por que puede ocupar su tiempo en eso, al no tener instintos lo suficientemente fuertes como para ser manejado por ellos (las 24 horas del día); este pájaro diseña su nido en vez de buscar una hembra, a diferencia del que gasta todas sus energías y se consume completamente en la búsqueda de una pareja para dejar descendencia. El pájaro del nido de colores, tiene un instinto menos “agresivo” en lo que a la parte sexual se refiere, por lo tanto, se dedica a actividades que no provocan tanto placer pero que son más “rentables” a largo plazo, acumula bienes (en este caso los colores del nido) que, al tiempo atraerán a las hembras, pese a que ese no sea el objetivo “consciente” del pájaro (al construir el nido). En los humanos, el inteligente acumula conocimientos en lugar de perseguir hembras. Estos conocimientos con el tiempo se convertirán en bienes tangibles, igual que las hebras de colores del nido del pájaro y esta aptitud se justifica por un instinto sexual más suave que el del resto.

Yo me pregunto, ¿es la inteligencia la consecuencia de un funcionamiento particular (o “distinto”) del organismo entero?.
¿Radica aquí la “libertad” o el nunca bien ponderado “libre albedrío” del ser humano? ¿se puede resumir  entonces la libertad “determinista” (en un mundo determinista) como la persecución de objetivos libres, que muy probablemente llegarán al mismo resultado que el “querido” por la evolución?

Después de una buena siesta, la almohada me ha explicado y/o recordado que la supervivencia nunca ha sido un fin; que por naturaleza no es objetivo consciente de ningún ser vivo. La ceguera de la evolución, o sea su no objetividad, es justamente lo que “permite” el libre albedrío. La libertad llega más allá de la “necesidad” de supervivencia, basta recordar que un ser vivo puede vivir muchos años sin jamás reproducirse. El derecho a fracasar entonces, podría eventualmente ser visto como la esencia de la libertad, pero no es así, pues no hay fracaso si no hay objetivo.

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Memo, del odio a la vida.

Publicado por Alejandro en Julio 17, 2008

Hay quienes odiamos a rato la vida y no es ningún “síndrome de odiar; basado en alguna mala experiencia de alguna de las células madres de donde salimos”, como podría pensar algún personaje “poco inteligente” sea psí-gnorante o uno psí-nimaginación, digo, por no usar términos ofensivos.

El odio a la vida es natural desde el momento en que tenemos que vivir bajo experiencias que desatan emociones desagradables desde el frío hasta la soledad, que son necesarias para sobrevivencia tanto como aquellas agradables, sea la compañia -cuando es deseada- o el sabor de una comida sabrosa. Dado nuestro éxito como especie, tenemos que agregar un nuevo motivo para odiar la exitencia: El contrato social. Y es que es innegable que su base está en limitar el radio de acción individual, además, al considerarse generalmente como algo “artificial”, parece ser más nocivo aún, pese a que sí bien es modificable, no es anulable ya que de dejar de existir, la sociedad dejaría de ser sociedad y se formaría un caos con consecuencias peores que su existencia, (aunque suene algo subjetivo)….

El odio a la vida, pese a ser ilegal en la mayoría de los distintos contratos sociales, es una consecuencia natural, una emoción que surge de tiempo en tiempo y que por tanto, no tendría por que asustar más de la cuenta a quien la “padece”.

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Vista Amélie

Publicado por Alejandro en Julio 15, 2008

Cita memorable, entre mil cosas:

“El derecho a fracasar es inalienable”.

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del odio, psicoticamente hablando.

Publicado por Alejandro en Julio 11, 2008

Desde un punto de vista estético, no tiene sentido odiar, sobre todo si nos ponemos a observar al resto desde una perspectiva simple y realista, a saber:

Cuando se tiene en cuenta la fragilidad de cada individuo; cuando se está conciente de que el individuo odiado, más que “un desgraciado”, un “imbécil” o una “odiosa molestia”, no es más que una figura graciosa, como la de una mosca chocando contra un vidrio.

Igual que el mendigo de la esquina, igual que la presidenta o el tipo que es dueño de la mitad de la ciudad, a nuestro personaje odioso, solo lo separa de la muerte una línea muy delgada. Su vida, siendo realista, está sujeta a terminar de formas tan simples como se pueden imaginar, ya sea con un mal paso y un golpe en la cabeza, con la reproducción de alguna bacteria en su organismo, con un desequilibrio químico en algún órgano, con la picadura de una pequeña arañita o de alguna otra pequeña alimaña; o por qué no, con un cuchillo alrededor de su cuello, ¿o cree usted estimado lector que su “enemigo” es más o menos inmortal que la presidenta, que algún gran general o que su propio hijo?. La figura del individuo que se odia es tan delicada como se puede imaginar, odiarla es por tanto un desperdicio de tiempo, desesperarse ante una existencia tan efímera carece de buen gusto. No digo que no se pueda despreciar un objeto indeseable, solo que odiarlo “de corazón” es ahogarse en un vaso de agua, sobre todo por que la mayoría del tiempo se odia solo “teóricamente” es decir, el odio casi no provoca actos (en todo caso, allí donde el odio trasciende la teoría, se derrama demasiada sangre). Hablamos la mayoría del tiempo, de un odio de teleserie en donde los personajes se pasan mucho tiempo consumiéndose en una emoción que solo tiene efectos en su cabeza, digo, mientras el objeto odiado no esté al frente.

“Psicoticamente hablando” se puede decir: -No se ahoge en el odio cuando la vida de su enemigo puede terminar de formas muy sencillas.

De una forma más sensata: -No le dé importancia a sus enemigos.

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Memo respecto a la muerte.

Publicado por Alejandro en Julio 9, 2008

Camino, doy una vuelta y miro.

Vuelvo a caminar, miro una vez más y me detengo.

No puedo evitarlo, no puedo evitar considerar que no estamos tan acostumbrados a tratar con la muerte como deberíamos.

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Personal

Publicado por Alejandro en Julio 7, 2008

Así, con suma de horas sin dormir y perdiendo ajedrez tras ajedrez contra el GNU chess, trabajando más de la cuenta, casi tan embotado como para suponer que el suicidio temporal de Russell (alcohol), puede estar cerca de esto… pero no lo está, pues aquí me encuentro escribiendo una entrada -que tal vez llegue a publicar el mes que viene-, demasiado lúcido como para comparar mi estado actual con el provocado por el alcohol.
Van ya varios días desde que teñí el suelo algo de sangre, cortesía de un par de psicópatas ociosos, una tarde en una avenida muy transitada y a la vista de media ciudad. Es cierto que el miedo se pierde cuando te topas cara a cara con su causa; mas no puedo evitar recordar el silencio de la situación, o la hipocresía de quienes observaban tranquilamente cómo la existencia de su servidor, pudo terminar un poco más rápido que la media. ¿Qué hubiera pasado sí el tipo que recibió el único golpe que alcancé a dar hubiese caído por el barranco a su espalda? De seguro nadie me llamaría psicópata ni asesino, pero es curioso que la misma gente que emite esos juicios, la que forma “el pueblo” -aquí donde estoy hoy- no sea más que un grupo de cobardes capaces de mirar sin mover un dedo cómo asesinan a alguien (hubiera bastado que a uno de ellos le diera la gana de sacar un arma -como sucede a veces-, para que el autor de este blog no pudiera escribir más).
No puedo evitar considerar igualmente culpables tanto a los psicópatas que agreden a alguien como a quienes miran fríamente cómo éstos juegan con la vida de alguien.
Un asalto le sucede a cualquiera, en cualquier lugar, -casi- en cualquier momento, pero no en cualquier lugar se quedan de pie mirando como eso sucede, mucho menos cuando el número de los asaltantes es irrisorio en comparación el de los que miran. No en cualquier lugar, al concluir un hecho de esta naturaleza, la gente de alrededor sigue su camino sin siquiera tender una mano para ayudar a levantarse al que tuvo la mala suerte estar allí. Sin embargo, lugares así existen.

Si algún día piensan viajar, les sugiero humildemente que no vayan a valparaiso (Chile), no tanto por que sea peligroso, sino por ser tierra de cobardes.

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Un susto.

Publicado por Alejandro en Julio 5, 2008

Cuando paseo por la red y me toca leer a algún cristiano declarando sin ninguna duda, que fuera de la religión no hay motivos para mantener una moral, para actuar bien, para ayudar al resto y para no ser un asesino, violador o ladrón; me asalta la duda de sí los ateos “militantes” no estarán cayendo en un craso error al demostrar que la idea de dios que sostiene el cristianismo es ilógica y contradictoria (y por tanto falsa).
Y es que, ¿qué tal sí estos cristianos, cuál demonios que declaran “muerto dios todo es posible”, están haciendo una descripción y advertencia sobre sí mismos? ¿qué tal sí efectivamente ellos, a diferencia de nosotros (ateos y agnósticos a conciencia, en general) son realmente incapaces de mantener una moral sin la idea de dios?. El éxito de los ateos “militantes” convertiría a todos estos cristianos, (al hacerlos ver que la idea de dios es falsa), instantáneamente en asesinos, ladrones, violadores, etc…
Tal vez, el éxito de los ateos militantes podría resultar en nuestra ruina…
Al momento después sin embargo, recupero el optimismo y recuerdo una vez más a Nietzsche: “La mayoría de los hombres están demasiado ocupados consigo mismos como para ser malos”.

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Teoría de la jauría.

Publicado por Alejandro en Julio 3, 2008

- Toda ideología exitosa, que se extienda entre los hombres hasta llegar a ser la ideología de la mayoría, se convertirá en un nexo entre los hombres, convirtiendo a muchos sujetos independientes entre sí, en lo que se llama un grupo.
- Toda ideología de la mayoría, no podrá mantener sus principios de forma integral. A mayor cantidad de individuos, mayores interpretaciones habrán de ella.
- Toda ideología que alcance a los hombres más humildes y con menos educación, será simplificada en exceso para que estos puedan aceptarla sin entender sus partes complejas.
- Toda ideología que posea más de una interpretación y que haya sido simplificada en exceso, carecerá de la consistencia necesaria para no ser malinterpretada y/o adaptada a necesidades personales.
- Toda ideología que se adapte a necesidades personales, será adaptable al orgullo, la rabia, el racismo y el odio.
- De todo lo anterior, toda ideología que en su ambiente, sea sinónimo de mayoría, servirá como excusa para que el grupo o partes del grupo, se comporten (independientemente de sus principios) como una jauría, es decir -igual que en el caso de los perros-, atacando a los individuos más pequeños y débiles (o sea, a las minorías).

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Sobre el pensamiento.

Publicado por Alejandro en Julio 1, 2008

El pensamiento es el tratamiento de información, en contra de la simple observación. El pensamiento es todo proceso cognitivo que tiene por objeto información sobre la información, es decir conceptos mentales abstractos.
Lo único que distingue al pensamiento del proceso cognitivo puro (conciencia), es el grado de complejidad del mismo o “el nivel de conciencia”.
Una ameba no piensa cuando “hace” algo nuevo (sea por que mutó o por otra causa), pese a que sí se puede -eventualmente- considerar que tiene conciencia, aunque de nivel muy bajo. A diferencia de la ameba, un primate si piensa, desde el momento en que es capaz de realizar tareas complejas.

El nivel de complejidad necesario para que un proceso cognitivo pase a ser un pensamiento es una cuestión complicada. Hay quienes consideran que mientras no se desarrolla un lenguaje, no hay pensamiento. Esto deja fuera a todos los niños que aún no piensan “usando palabras” o a los animales que realizan tareas no simples, desde ser capaces de reconocerse a sí mismos frente a un espejo, hasta doblar un alambre en forma de gancho -para conseguir algo-.

Si recordamos que existen algunas especies de animales que poseen mejor memoria y capacidad de hacer asociaciones que los hombres,  nos daremos cuenta que lo único que nos distingue realmente de ellos, son nuestra capacidades “extra” en la parte social, al menos, mientras no encontremos otra especie que nos supere también en eso.
El lenguaje, a pesar de ser la evidencia más tangible de nuestra “superioridad social”, no puede traducirse en sinónimo de la capacidad de pensar, a menos que “reconozcamos” que las computadoras “piensan” cuando se comunican entre sí y/o cuando procesan información sobre la información. A lo mucho, tendríamos que decir que el pensamiento existe solo cuando hay a su vez un lenguaje “complejo”, digo, para poder catalogar el lenguaje usado por los ordenadores como un lenguaje “simple”. Pero cualquier mensaje, por complejo que sea, siempre, invariablemente, se puede expresar en términos mucho más simples.
Por lo vago que resulta entonces el término “lenguaje”, no podemos relacionarlo directamente con el pensamiento sin caer en ilógicos o ambiguedades.
Hay que admitir en todo caso,  que generalmente, se confunde el pensamiento con la expresión fundamental de la “capacidad” de tomar una decisión, como la “libertad práctica” del hombre, pero no hay motivos reales para restringir esto solo al ser humano. Seguramente, cuando las máquinas tengan algún “objetivo personal” y procesen información para alcanzar el mismo, diremos también que piensan.

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